El uso de los colorantes, nació de la necesidad humana de adornar y embellecer la multitud de objetos de uso corriente que lo rodea.
Para esto, aprovechó y seleccionó los colorantes que existen dentro de los tres reinos de la naturaleza; animal, vegetal y mineral, y conforme
aumentaba su conocimiento en esta ciencia, fue modificando y creando nuevos colorantes.
Con el desarrollo de la química a finales del siglo pasado, toda la tintorería cambió, al sintetizar nuevas sustancias en el laboratorio. Los nuevos matices fabricados sintéticamente, han hecho más científico el estudio de los colorantes, conduciendo a un mejor conocimiento y utilización de los componentes de los mismos.
Las aplicaciones de los colorantes son infinitas, desde le vidrio y el esmalte de la cerámica, hasta las artes gráficas, los textiles, las pinturas, los plásticos y los alimentos.
Existen dos formas de aplicar los colorantes: pintando y tiñendo. En la primera se deposita el color sobre la superficie del objeto, recubriéndolo y ocultando su calidad o su estructura. En el teñido, se trata de incorporar el colorante a la masa del material a colorear, conservando en lo posible las cualidades del mismo. Esta es la razón por la cual, en muchos casos, los colorantes para el teñido, son distintos de los usados para pintar.
Los colorantes que trabajamos los clasificamos de acuerdo al tipo de fibra textil que tiñen y al tipo de proceso aplicado para ello. Algunos de estos colorantes también pueden tener otro tipo de aplicación como en el papel, piel, velas, etc.